Por qué conocer a Jesús es importante en el béisbol
El béisbol tiene una manera de hacer que todo parezca importante.
El próximo turno al bate parece importante. Tu promedio de bateo parece importante. Hacer el equipo parece importante. Ser reclutado, ganarte un puesto como titular, ganar un campeonato o llegar al siguiente nivel puede comenzar a sentirse como si fuera lo único que importa.
Lo sé porque yo también jugué béisbol competitivo, y durante esa etapa de mi vida no conocía a Jesús.
Amaba el juego. Quería rendir bien. Quería tener éxito. Como les pasa a tantos jugadores, un buen día en el plato podía hacerme sentir en la cima del mundo, mientras que un mal día podía dejarme frustrado y dudando de mí mismo. Cuando gran parte de tu identidad está ligada al béisbol, es muy fácil comenzar a medir tu valor según tu rendimiento en el campo.
Pero el béisbol nunca fue hecho para cargar con ese peso.
Ahora que conozco a Jesús y he tenido la oportunidad de discipular a jugadores de béisbol, veo el juego de una manera completamente diferente.
He visto lo que sucede cuando los jugadores comienzan a desarrollar el fruto del Espíritu que Pablo describe en Gálatas 5:22–23: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio.
Piensa en el impacto que esas cualidades pueden tener dentro de un campo de béisbol.
El dominio propio cambia la manera en que reaccionas después de una mala decisión del umpire. La paciencia cambia la manera en que enfrentas una mala racha. La bondad cambia la manera en que tratas al compañero que está compitiendo contigo por la misma posición. La fidelidad cambia la manera en que trabajas cuando nadie te está viendo. El gozo te permite seguir amando el juego aun cuando las cosas no salen como quieres. Y la paz te recuerda que toda tu vida no depende de tu próximo turno al bate.
Conocer a Jesús no garantiza que te convertirás en un mejor jugador de béisbol.
Te da algo infinitamente más grande: un propósito que va mucho más allá de ser beisbolista.
La verdad es que puedes batear de 4-4 con dos jonrones y aun así necesitar a Jesús.
También puedes irte de 0-4 con tres ponches y saber que Jesús te ama exactamente igual.
Eso es algo que el béisbol nunca podrá ofrecerte.
En el béisbol, muchas veces el reconocimiento depende de tu rendimiento. Juega bien y la gente gritará tu nombre. Pasa suficiente tiempo sin rendir y, tarde o temprano, alguien más ocupará tu lugar.
Jesús no es así.
Su amor por ti no depende de tu promedio de bateo, la velocidad de salida de la pelota, las ofertas de becas que recibas, tus estadísticas ni del nivel de béisbol que llegues a alcanzar.
Tu mayor logro nunca será batear de 4-4.
No será jugar béisbol universitario.
Ni siquiera será llegar a las Grandes Ligas.
Porque algún día toda carrera en el béisbol llega a su fin. Llegará el momento en que te quitarás el uniforme por última vez. Tus estadísticas dejarán de acumularse. Otro jugador llevará tu número. Otro ocupará tu lugar en el lineup.
Pero la eternidad no termina.
Jesús dijo en Juan 3:16 que todo aquel que cree en Él “no se pierda, mas tenga vida eterna”.
Por eso conocer a Jesús es tan importante en el béisbol.
Juega con todo. Compite. Busca la excelencia. Trabaja para convertirte en el mejor jugador que puedas llegar a ser. No hay nada malo en querer batear de 4-4.
Solo recuerda que irte de 4-4 nunca podrá darte lo que Jesús puede darte.
El béisbol es temporal. Jesús es eterno.
Y mañana, ya sea que te vayas de 4-4 o de 0-4, Jesús te seguirá amando igual.