Cuando la Bendición se Rompe

Cuando la Bendición se Rompe

Cuando la Bendición se Rompe

Confiando en Dios cuando las cosas no salen como esperabas

Es fácil darle gracias a Dios cuando todo va bien.

Cuando eres titular. Cuando estás bateando bien. Cuando por fin llega esa oportunidad por la que tanto habías orado.

Pero ¿qué pasa cuando de repente pierdes todo eso?

¿Qué pasa cuando aquello por lo que antes le dabas gracias a Dios ahora es lo que te está haciendo llorar?

En 2 Reyes 4:8–37, la Biblia nos cuenta la historia de una mujer de Sunem que siempre recibía al profeta Eliseo en su casa. Incluso habló con su esposo para construirle un cuarto donde pudiera descansar cada vez que pasara por ahí.

Ella no esperaba nada a cambio. Simplemente quería ayudar.

Pero un día, Eliseo se enteró de que ella no tenía hijos y que su esposo ya era mayor. Entonces le dijo que para el siguiente año tendría un hijo en sus brazos.

Y así fue.

Dios le dio una bendición que ni siquiera había pedido.

Pero años después, pasó algo terrible.

Su hijo comenzó a sentirse mal y terminó muriendo en sus brazos.

Imagínate estar en su lugar.

Ese hijo que había sido una bendición tan grande. Ese niño que había visto crecer. Ese regalo inesperado de Dios.

De un momento a otro, ya no estaba.

A veces lo que más nos duele perder es precisamente aquello por lo que un día le dimos gracias a Dios.

Cuando el béisbol no sale como esperabas

Creo que muchos peloteros podemos identificarnos con esto.

Por fin llegas al equipo en el que siempre quisiste jugar, pero te lesionas.

Te ganas un puesto de titular y de repente terminas otra vez en la banca.

Te llega una oportunidad que parecía una respuesta a tus oraciones, pero las cosas no salen como pensabas.

Y empiezas a preguntarle a Dios:

¿Por qué me diste esta oportunidad si después la iba a perder?

¿Por qué me permitiste llegar tan lejos si todo iba a terminar así?

Y sabes qué, no creo que hacer esas preguntas signifique que tengas poca fe.

La mujer de Sunem también estaba sufriendo.

Cuando finalmente encontró a Eliseo, le dijo:

2 Reyes 4:28

«¿Acaso te pedí un hijo, mi señor? ¿No te dije que no me dieras falsas esperanzas?»

Ella no estaba tratando de aparentar que todo estaba bien.

Estaba destrozada.

Pero hay algo de esta historia que me llama mucho la atención.

Aunque estaba sufriendo, no dejó de buscar a Dios.

Tener fe no significa que todo va a salir bien

La mujer no quiso separarse de Eliseo, así que él regresó con ella. Cuando llegó a la casa, oró al Señor y Dios hizo un milagro: su hijo volvió a vivir.

Qué increíble final, ¿verdad?

Pero hay algo que debemos entender.

No todas las lesiones se recuperan como esperamos.

No todas las oportunidades que perdemos vuelven a presentarse.

Y no todas las historias terminan de la manera que nosotros queremos.

Pero eso no significa que Dios nos haya abandonado.

Tener fe no significa que Dios siempre hará lo que nosotros queremos. Tener fe es seguir confiando en Él, incluso cuando las cosas no salen como esperábamos.

Y eso es algo que todos los peloteros cristianos necesitamos recordar.

Porque tarde o temprano, el béisbol nos va a decepcionar.

Tal vez pierdas tu puesto, una oportunidad importante o incluso llegue el día en que ya no puedas seguir jugando.

Pero tu relación con Dios nunca debería depender de qué tan lejos llegues en el béisbol.

Confía en Dios, no solamente en sus bendiciones

Quiero dejarte con una pregunta.

¿Sigues a Jesús por quien Él es o solamente por lo que esperas que haga por ti?

No tiene nada de malo pedirle a Dios que te ayude a tener éxito, que te abra puertas o que te sane de una lesión.

Pero ¿qué pasa cuando su respuesta no es la que esperabas?

La historia de esta mujer nos recuerda que podemos acercarnos a Dios aun cuando estamos dolidos, confundidos o decepcionados.

No tenemos que fingir que todo está bien.

Tampoco tenemos que entender todo lo que está pasando para seguir confiando en Él.

Así que sigue trabajando duro. Sigue persiguiendo tus sueños. Aprovecha cada oportunidad que tengas de jugar béisbol.

Pero nunca olvides que tu mayor bendición no es una beca, ser titular o firmar un contrato profesional.

Tu mayor bendición es conocer a Jesús.

Es fácil darle gracias a Dios cuando recibimos una bendición.

Pero ¿seguirás confiando en Él cuando esa bendición se rompa?