Competir como Cristiano

Competir  como  Cristiano

Competir como cristiano

¿Cómo se ve realmente competir como cristiano?

¿Seguir a Jesús significa que tienes que ser menos agresivo? ¿Menos intenso? ¿Se supone que debes dejar de querer vencer al jugador que está a 60 pies y 6 pulgadas frente a ti?

Yo no lo creo.

Creo que los cristianos deberíamos estar entre los competidores más intensos dentro de un campo de béisbol. La diferencia no está en qué tan fuerte competimos.

La diferencia está en de dónde nace nuestra manera de competir.

Hace poco le pregunté al jardinero de los Angels, Bryce Teodosio, qué significa para él competir como cristiano. Su respuesta cambió por completo mi manera de pensar sobre esta pregunta.

“Creo que lo más importante es competir desde el amor. El amor se encarga de todo. Creo que cuando amas al Señor, amas competir y amas salir al campo a hacer aquello que Él te ha dado la bendición de poder hacer, eso se encarga de la ira y también del miedo que muchas veces vienen con la competencia.”

Competir desde el amor.

Esa idea es casi lo opuesto a lo que muchas veces asociamos con los deportes competitivos.

Muchas veces nos enseñan a competir desde el enojo. Busca algo que te haga enojar. Tómate la falta de respeto como algo personal. Juega con algo que demostrar. Demuéstrale a alguien que estaba equivocado contigo.

Y por un tiempo, eso puede funcionar.

El enojo puede darte energía. El miedo puede hacer que te prepares más. La inseguridad puede llevarte a meterte a la jaula para tomar otros cien swings.

Pero ninguna de esas cosas puede ser una base firme para competir.

La Palabra nos muestra algo diferente.

“Todas vuestras cosas sean hechas con amor.” — 1 Corintios 16:14

Todas.

Eso también incluye la manera en que compites.

Cuando el amor se convierte en la base, tu intensidad no desaparece.

Lo que cambia es de dónde viene.

Puedes amar a tu oponente y aun así querer vencerlo.

Puedes respetar al pitcher y aun así querer conectarle una pelota a 110 millas por hora.

Puedes amar a tus compañeros y al mismo tiempo competir con ellos por un puesto como titular.

Puedes jugar con emoción sin permitir que el enojo te controle.

Puedes sentir presión sin permitir que el miedo defina quién eres.

Eso es lo que hace tan poderosas las palabras de Bryce:

“El amor se encarga de todo.”

Cuando entiendes que el béisbol es una oportunidad y una habilidad con la que Dios te ha bendecido, comienzas a ver la competencia de una manera diferente.

Colosenses 3:23 dice: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor”.

Jugar para el Señor no significa jugar de manera pasiva.

Al contrario, debería impulsarnos a competir aún más fuerte.

Si Dios te ha dado la habilidad de jugar este deporte, hónralo desarrollando ese talento. Corre con todo. Prepárate incansablemente. Tómate en serio cada roletazo. Mantente enfocado en cada lanzamiento. No desperdicies la habilidad que Dios te ha dado.

Pero mientras lo haces, examina lo que está sucediendo dentro de tu corazón.

¿Estoy compitiendo porque amo este juego y quiero honrar a Dios con la habilidad que me dio?

¿O estoy compitiendo porque tengo terror de fracasar?

¿Estoy buscando alcanzar mi máximo potencial porque quiero aprovechar bien lo que Dios puso en mis manos?

¿O porque necesito desesperadamente que todos a mi alrededor sepan lo bueno que soy?

Desde las gradas, esas dos motivaciones pueden producir jugadores que se ven exactamente iguales.

Pero Dios ve el corazón.

Jesús dijo que los mandamientos más importantes son amar a Dios y amar a los demás (Mateo 22:37–39).

Y eso no cambia cuando cruzas la línea de foul.

Así que compite.

Compite con todo.

Quiere tener la pelota con dos outs en la novena entrada. Quiere ese turno al bate con el juego en tus manos. Busca vencer al jugador que tienes enfrente. Celebra con tus compañeros. Juega con pasión.

Competir como cristiano no es una señal de debilidad.

No significa jugar sin emoción.

Y definitivamente no significa que te importe menos ganar.

Significa competir desde una fuente diferente.

No desde el miedo.

No desde la inseguridad.

No desde el odio.

No desde el enojo.

Desde el amor.

Ama al Señor.

Ama a las personas que te rodean.

Ama la oportunidad que Dios te ha dado.

Ama competir.

Y después cruza esas líneas y dale todo lo que tienes.

Compite con intensidad. Compite con libertad. Compite desde el amor.